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Predicas Cristianas… Vete, y no peques más

Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas

Introducción.

Estaba Jesús enseñando en el templo, cuando los escribas y los fariseos llegaron con una miserable mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. La sorprendieron in fraganti. Dice la historia que sin ningún tipo de reparos estos hombres hicieron un espectáculo público. “Pusieron a la mujer en medio de toda la gente,” (Juan 8:3b TLA).

Este fue un acto carente de toda decencia humana, de ética y de moral. ¡Qué falta de sentido común! No era necesario que esta mujer fuera doblemente humillada.

Estos hombres no miraban a esta mujer como la persona que era, sino que la veían como un objeto, como un instrumento del que se podían valer para acusar a Jesús. Lo más seguro que ni sabían el nombre de la mujer. Para ellos, era como un peón en el tablero de ajedrez, que se podía sacrificar para ganar posición.

 

Y es un gravísimo error considerar a las personas como cosas y verlos como números. Hoy somos un número más en esta sociedad.

Pero Dios piensa en la gente, no como casos o números de estadística, sino como personas. La biblia está llena de registros genealógicos. Páginas enteras de nombre por nombre. Él nos conoce por nuestros nombres. La biblia nos habla de un Dios personal. Dios le dice a Ciro: «Yo soy el Señor, el Dios de Israel, Que te pongo nombre» (Isaías 45:3).

En el instante en que las personas se conviertan en cosas, muere el verdadero espíritu del Evangelio.

Los escribas y fariseos creyeron que habían metido en una encerrona a Jesús. Sin embargo, la trampa se convirtió en un bumerán que los alcanzó, cuando Cristo les dio la responsabilidad a ellos de ejecutar la sentencia contra la mujer pecadora: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.” (Juan 8:7-9).

Jesús le dijo a la mujer, si los que te acusaban se fueron y no te condenaron, “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).

 

Es un error pensar que Jesús perdonó con ligereza y facilidad el pecado de esa mujer. Como si el pecado no tuviera importancia.

Lo que Jesús le dijo a la mujer: “Yo no te voy a condenar ahora mismo; vete, y no peques más”. De hecho, Jesús no le dijo: “No te preocupes; todo está bien.” Lo que hizo fue algo así como aplazar la sentencia. Dijo: “No voy a dictar una sentencia definitiva ahora; ve, y demuestra que puedes mejorar.

Has pecado; vete, y no peques ya más, y Yo te ayudaré todo el tiempo. Cuando llegue el final, veremos cómo has vivido.”

Quiero invitarte a que juntos valores cuatro grandes verdades implicadas en la actitud de Jesús hacia esta mujer pecadora.

1. Implicaba, una segunda oportunidad.

Es como si Jesús le dijera a la mujer: “Sé que has estropeado todas las cosas, hasta hoy todo lo has hecho mal; pero la vida no se te ha terminado; Yo te doy otra oportunidad, la de redimirte a ti misma. Te doy la oportunidad de comenzar una nueva etapa en tu vida. Que dejes atrás tu pasado y te levantes sobre el polvo de tu derrota y alcances un nivel de vida superior al que hasta hoy has vivido.”

En Cristo Jesús tenemos el Evangelio de la segunda oportunidad.

El Señor siempre está interesado, no sólo en lo que una persona ha sido, sino en lo que puede llegar a ser. La Biblia no pasa por alto nuestro pasado. El hombre sufre las consecuencias de sus pecados. Dios no dice que lo que hemos hecho no importa; las leyes y los corazones quebrantados siempre importan; pero Él está seguro de que todos tenemos un futuro tanto como un pasado.

Yo he hecho desaparecer tus faltas y pecados, como desaparecen las nubes. Vuélvete a mí, pues yo te he libertado.” (Isaías 44:22 DHH).

Dios es un Dios de segundas oportunidades. “…porque, aunque siete veces caiga el justo, volverá a levantarse,” (Proverbios 24:16 RV1995).

Dios nos llama como iglesia a predicar un evangelio de reconciliación. “Dios ha dado al mundo la oportunidad de reconciliarse con El por medio de Cristo, no tomando en cuenta los pecados del hombre sino borrándolos. Este es el glorioso mensaje que nos ha enviado a predicar.” (2 Corintios 5:19 NTBAD).

2. Implicaba compasión.

La diferencia fundamental que había entre Jesús y los escribas y fariseos era que estos líderes religiosos querían condenar a la mujer. Querían aplicar fríamente la ley, sin tomar en cuenta el espíritu con que fue escrita.

Mientras que Jesús quería perdonar, quería mostrar compasión hacia una mujer débil, vulnerable, despreciada y acusada por sus pecados. A pesar de todo, ella necesitaba ayuda para salir de su mala vida.

La religión organizada de los tiempos de Jesús miraba a los pecadores con repugnancia, con menosprecio, los dominaba su propia justicia [Parábola del fariseo y el publicano. (Lucas 18:9-14)].

Mientras que Jesús miraba a los pecadores con una compasión nacida del amor. Su mayor deseo era ayudar y socorrer al desvalido.

Los evangelios dicen que Jesús “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36; 14:14).

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